Cuando se torea, se sueña… Cuando se sueña, se torea y cuando se vive, se lucha por seguir toreando a la vida , éste es el comienzo de las historias de una maletilla que cada día lucha por conseguir todo eso que un día soñó, los viajes que ha emprendido son historias donde ha aprendido, y de las cuales la vida le ha pegado cornadas y también salidas por puerta grande, así pues, ésta vez esperando que la historia inspire a los maletillas actuales que sueñan con alcanzar el sueño torero de la vida, un maletilla de la actualidad nos cuenta sus grandes hazañas y experiencias vividas durante sus largos viajes.
… despertando del sueño, estoy emprendiendo un largo viaje, un sueño que por fin se me ha cumplido, jamás imaginé que fuera invitado por una figura del toreo, para entrenar con ella, ¡sí señores!, más que nunca me siento con el rabo entre las patas, ya que ni por un segundo me creí tales momentos, alguien que me inspira a torear, me ha invitado a aprenderle todo de ella. Viviré en su casa por algunos días, cosa que no puedo creer ya que sólo en mis sueños había pasado.
Así pues, decido emprender el viaje para aprender, pero sobre todo para conocerle, entonces subo a aquel camión con el liacho de sueños a la espalda, ayudado y palillo de la guerra de la vida tomado en la mano para soñar, aunque sea sólo por unos días, aún así, sé que con esfuerzo y dedicación todo se puede lograr, aunque el camino que emprenderé será largo y difícil.
Durante todo el camino, trato de poner en orden las ideas en mi cabeza, ya que sí, es un sueño que se me hizo realidad, conoceré a esa gran matadora de toros más a fondo de lo que la conozco en tientas, corridas y también aquellas pocas palabras que estreché con ella solo para pedirle amablemente un autógrafo el cual tengo en un lugar visible en mi habitación ya que me produce una gran inspiración. Me pasan en mi mente miles de cosas, ¿Qué hace? ¿Qué come? ¿Dónde duerme? ¿Cómo vive? ¿Será una gran mansión? ¿Tendrá chofer? ¿Será fiestera? ¿Irá al baño? ¿Con qué matadores entrenará? ¿Qué molestias llegaré a causar?... en fin, miles de cosas estúpidas pienso, que ni atención puse a los bellos paisajes de ese camino que coronaba un día nublado y lluvioso, perfecto para divagar como yo lo estaba haciendo.
De repente despierto de aquella divagación total y me doy cuenta que estaba entrando a aquel pueblo mágico, que me traería experiencias gratas, jamás me imaginé quien me llegaría a recibir o como llegaría a la casa de la matadora. Y vaya sorpresa que me llevé, de repente veo a la matadora fuera de la parada del autobús para recibirme, sola, vestida como cualquier civil sonriéndome y diciéndome: “Hola, ¿cómo estás?”, fue una sorpresa , me espanté demasiado, por instantes quise pellizcarme, para ver si no era uno más de mis sueños ficticios de maletilla frustrado, y no, por más que intenté, era la simple realidad, ahí estaba ella, siempre con el porte y aroma a torero, que como dicen los sabios taurinos aquel con que se nace.
Yo sorprendida también sonreí y salude con respeto y atención a la matadora, ella solo sonrió y movió la cabeza en señal de desacreditación, yo temía lo peor, durante el camino yo estaba más seria, callada, como nunca antes, pensando en que decirle, fue un petardo total los primeros instantes que subí con ella a su automóvil, pero otra sorpresa me llevé, cuando empezó a sacarme plática, y preguntarme: ¿Qué tal estuvo el viaje? Yo casi no queriendo contestar la pregunta, ya que no sabía si estaba bien o mal lo que contestaría, ella seguía sonriendo. Realmente me sentía como bicho raro dentro de una vitrina de experimentación a punto de ser visto por varios expertos.
¡No lo podía creer la mejor torera del mundo llevándome hacia su casa! Momentos de incertidumbre total pase durante el camino a mi nueva estancia en aquel coche, y antes de llegar a su domicilio ella me preguntó de nuevo, “¿Qué piensas? ¿Estás nerviosa? No muerdo…” yo rompí el hielo y empecé a reír demasiado en ese instante, ya que de la forma en que me lo dijo fue una manera a la vez chusca y tratándome de explicar que ella también se sentía como un bicho raro ante mi actitud de respeto total, entonces tan solo me dijo que yo la tratara como a cualquier amigo más, que ella estaba acostumbrada a tratar a la gente normal, ya que en ella no cabía crecerse ante el título que tenía de matadora de toros, me dijo que era una persona más en este mundo, que no era ni más ni menos que yo, y que me deseaba que estuviera a gusto durante esos días que yo entrenaría con ella, porque también yo a ella le inspiraba y le recordaba el camino largo que emprendió para llegar a ser, también empezó a explicarme que ni ella se la creía y no sentía el título que la afición y el tiempo le habían dado porque ella sólo hacía lo que más le gustaba en la vida, ¡torear!, ella aún se sentía como una maletilla más en busca de sueños, eso realmente me tranquilizó, y me hizo darme cuenta de las tantas realidades que hay en el mundo, una realidad que no nos enseña por completo la televisión cuando nos muestra a un artista famoso del toreo.
Así pues, el camino se me hizo menos largo y de pronto entramos a aquella casa modesta, llena de historias, como cualquier otra, no era la gran mansión que yo venía imaginando durante el camino, detrás de la puerta, nos esperaban sus padres y hermano, unas sencillas personas, que me saludaron como la invitada de honor durante los días que yo estaría, las primeras palabras que me pronunciaron fueron, que me sintiera como en mi casa, “que era mi casa”, y yo seguía no creyéndolo y a la vez preguntándome donde me quedaría o que haría, y otra sorpresa más, la matadora me invito a subir y a mostrarme el lugar donde descansaría, tenía en su cuarto otra cama lista para mí, ¡ahora si no me la creía! Yo una simple becerrista en el cuarto de la matadora durmiendo, yo esperaba cualquier tipo de órdenes, estaba y venía mentalizada para las pruebas más difíciles taurinamente, pero jamás venía preparada para saber que dormiría en el cuarto de la matadora, que estaría las 24 horas del día con ella, viviendo cada una de sus experiencias sueños y metas de cada día.
Una joven con sueños, esa era la matadora, esa joven que escuchaba música clásica u otro estilo, que leía, escuchaba historias de gente mayor y sabía más de lo que sabe cualquier torero gitano, una mujer que era un estuche lleno de monerías, que yo jamás imaginaba, ya que los noticieros taurinos siempre me la habían vendido como la mejor matadora del mundo en la historia… ¡y nada más!, ahora esa matadora que yo admiraba, se estaba convirtiendo en un ídolo para mí, ya no como torera, si no como persona humilde y sencilla, que velaba por el bienestar de su familia, aquella chiquilla feliz y alegre, que se deba a respetar por cualquier hombre, ya que por su estampa de torera, llamaba la atención a cualquiera.
Una joven ilusionada y apasionada por todo, con ilusiones de encontrar a el hombre perfecto como cualquier mujer, era una tipa normal que yo jamás había imaginaba… y sí comía, dormía, rezaba, iba al baño, no le importaba en dónde o qué comería hoy o mañana, atenta y tenaz esa era la matadora. Todo eso lo llegué a comprender en tan solo unos instantes de haber llegado y que empecé a enterarme de cómo era, me sentía ya enserio parte de esa familia, ahora ya no sé si iba a entrenar o a hacer una gran amistad. Y bueno como dicen por ahí ¡al toro! y a entrenar, ahí otra sorpresa me llevé, y me topé con una gran maestra, paciente e impaciente como cualquiera y bromista a veces, dispuesta a enseñarme desinteresadamente lo que ella había aprendido, me enseñaba con dedicación y se fijaba en cada error que cometía, ella no era de los que dan coba, simplemente me decía lo que estaba mal y hacía que yo lo repitiera una y otra vez hasta que me saliera, creo que ella estaba a gusto entrenando conmigo y yo con ella, hacíamos labores toreras de 7:30 am a 1:00 pm y de 4:00 a 7:00 pm, corríamos por las mañanas y perfeccionábamos lances con el capote de salón, por la tarde pases con la muleta y le hacíamos al toro con gusto y sabor, no me importaba sentirme cansada, por las labores pesadas que realizábamos.
Continuará...
H&S