jueves, 20 de octubre de 2011

De corazón junto a Pablo Milanés



Un escenario bajo las sombras toma vida inicialmente con las luces azul tenue que anuncian la llegada del maestro, el esperado de la noche, uno de los representantes más reconocidos de la trova cubana.

Luego del intro musical aparece de entre los claroscuros Pablo Milanés y se apropia del escenario en cuanto toma asiento frente al micrófono. Así comienza su concierto, ese que engalana el Primer Festival de la Ciudad de Aguascalientes 2011.

Mientras la temperatura desciende alrededor de la ciudad, los que están ahí, escuchando esas canciones que nunca pasarán de moda, entran más y más en calor. Es imposible que las emociones queden indiferentes frente a melodías tan arrebatadoras como Nostalgias, Yolanda y De que callada manera. Pablo Milanés le canta al amor y a la vida, al cotidiano que nos acerca al placer de estar vivos.

Qué es lo que falta para creer que dios murió, te vendo el cuerpo de mi virtud, cualquiera muere todos nacemos, estas fueron algunas de las frases memorables que Milanés canta bajo el manto oscuro de un cielo salpicado de estrellas y un fondo donde se alcanzaban a distinguir las elegantes ventanas del Palacio de Gobierno iluminadas aquí y allá, detrás del escenario donde están distribuidos los músicos, cada uno de ellos en comunión con sus respectivos instrumentos y Pablo, el amigo Pablo que frente a una multitud con hambre de fe y paz, encuentra en él, su profeta del amor y la esperanza.

El sabor de la Isla se planta en medio de un público diverso, niños, padres de familia, abuelos. Todos están ahí desde temprano, buscando el lugar más cercano al escenario para retratar en la memoria, algún detalle que les diga más sobre el cantante y su música, sobre esta velada. Son momentos íntimos los silencios existentes entre cada interpretación, respiros para que los asistentes regresemos del viaje que evoca cada una de las letras de las canciones de Milanés.

Inicia el concierto con interpretaciones recientes, el mismo cantante le anuncia a su público: “van a escuchar algunas de las cosas que hemos hecho en este tiempo que no nos habíamos visto”, dice sentirse muy contento de estar nuevamente en Aguascalientes, y los asistentes complacidos por tenerlo de vuelta.

Vibrantes los ahí presentes disfrutaron canción a canción, tratando de escuchar en la voz de Milanés la propia voz, hasta que simplemente fue imposible guardar silencio frente a esas letras, sus letras que en todo este tiempo las han hecho suyas varias generaciones... entonces empezaron a cantar con él: Todavía quedan restos de humedad, los olores llenan ya mi soledadla prefiero compartida… y muchas lágrimas rodaron y manos se entrelazaron. El amor había tocado los corazones en la voz de Pablo.

El concierto transcurrió entre memorias, Milanés recordó a uno de los estandartes literarios más importantes de la isla, el poeta Nicolás Guillén, al ponerle música a uno de sus poemas, De que callada manera.

Y cerró este momento con la presentación de cada uno de los músicos que acompañaron la noche fría del miércoles. Milanés deja para el final sus clásicos que terminan por estremecer a los asistentes que entonces con toda la fuerza de una voz, cantaron enamorados Yolanda y Nos vamos poniendo viejos.

Pablo se despide en el escenario, sus músicos le acompañan, y al grito de la audiencia de “Pablo, regresa”... aparece de nuevo en el escenario, se encienden esas luces cómplices y cierra el concierto con Yo no te pido una estrella azul, sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz... los aplausos inundan la plaza, el templete está a oscuras y todos se retiraron con esa sensación de Cuba en los labios.


Prensa 1er Festival de la Ciudad de Aguascalientes
Foto Escena Taurina

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