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Los toros en el cine mexicano
by Redacción Escena Taurina - 0


Apuntes a partir del libro:

Taibo I, Paco Ignacio. Los toros en el cine mexicano. Plaza y Valdes Editores. 1987. México.




Los toros en el cine mexicano



Guionistas americanos parecen inhibirse frente al drama del toreo, incapaces de quedarse con el encuentro del hombre y la fiera, buscan elementos ajenos que agraven la historia acudiendo al final a la cogida y muerte del torero, como el máximo espectáculo, estas películas resultan inadecuadas para el público taurino o espectadores cinematográficos de mediano buen gusto.

Carlos Velo ha sido de los pocos creadores que entendió que la fiesta de toros no necesitaba sino un sutil hilo argumental y acaso su película Torero hubiera acertado de haber eliminado totalmente la anécdota amorosa.

La fiesta de los toros ofrece múltiples posibilidades: entraña una serie de símbolos, tradiciones, elegancias estéticas y brutales confrontaciones que resultan suficientes para investigar cinematográficamente.

Pocos films taurinos se salvan por si mismos y pocos son los que se producen en las áreas en donde la fiesta brava es un espectáculo popular seguido por millones de personas. Frente a la multitud de películas hechas sobre otros espectáculos (boxeo, futbol, béisbol,…). Sin embargo no ha impedido que la gran fama de algunos toreros haya sido aprovechada por el cine, convirtiéndolos en actores de todo tipo de films, para llevarlos a otros escenarios negando así la razón por la cual han sido convocados.



Antecedentes y primeros pasos del cine taurino mexicano



La primera corrida de toros celebrada en la ciudad de México, lo fue el día de San Juan 24 de junio de 1526. presidió el festejo el señor Hernán Cortés, quien tuvo que retirarse a la mitad del festejo, al recibir la noticia de que en Veracruz había desembarcado una fuerza militar que traía la orden de detenerlo.

Las primeras corridas se celebraban en las plazas públicas que eran habilitadas con maderos y carros, de tal forma que los matadores pudieran protegerse del toro y éste no tuviera posibilidad de escape. Los balcones y ventanas de la plaza servían de palcos y el pueblo llano se instalaba en sus propias sillas o se subían a las barreras.

El primer documental, posiblemente una nota de solo 17 metros, en el que muestra la fiesta taurina, fue filmada por A. Promio, camarógrafo de la casa Lumiere de París. Que tenía la encomienda de viajar por el mundo filmando breves escenas de los hechos que le parecieron más interesantes. Esta nota se titula Arrivée del toreadors. Se trata de una breve secuencia en la se veía a los toreros llegar a la plaza, ya estados para la corrida. En l897 aparece un catálogo de “vistas” taurinas: documentales que ofrecían al público desde el transporte de los toros hasta la plaza, una escuela de tauromaquia, el encierro, el paseíllo, los picadores y la muerte del toro.

El cine taurino llegó a la ciudad de México con rapidez, el 20 de octubre de 1887 Lumiere, instala en la segunda calle de Plateros # 9 un cine y ofrece un “Programa completamente variado”. Se llevará a cabo por tandas que inician a las 6 de la tarde y terminan a las 10 de la noche, cada tendría una duración de media hora y en cada tanda se ofrecerían ocho vistas distintas:

  1. Llegada de los toreros a la plaza de Madrid.
  2. Corrida de toros numero 1.
  3. Corrida de toros numero 2.

Salvador Toscano anuncia en Tehuacan, Puebla, el 6 de febrero de 1898, un programa para aficionados: Corrida de toros en México. 30 de diciembre de 1898, Corrida de toros en Tacubaya, teatro La Paz, San Luis Potosí.   14 de agosto de 1898, Corrida de toros por Guerrita, en la plaza de Celaya,  Gto. Teatro Cortazas.

Lamentablemente material fílmico esta perdido, pero se tienen los antecedentes gracias a los folletos, anuncios y cartas personales que no permiten acercarnos  esa época y tener una idea de cómo se fueron desarrollando los documentales taurinos.


Documentos cinematográficos


1899 Llegada de Mazzantini a la plaza. México 14 de marzo de 1887.
1900 Suertes del toreo ejecutadas por Antonio Fuentes.
1905 Lucha de un toro y un tigre.
1906 Corrida de toros.
1907 Regreso a Europa del torero Montes.
1908 Presentación de Rodolfo Gaona en el Toreo.
1909 Gran corrida de toros y cogida de Pepetete. Corrida de Manolete y Mazzantini. Gaona Toreando.
1912 Corrida de Gaona, el Gallo y el Pastor. Corrida de toros Pastor, Gaona. Cogida de Gaona. Despedida de Gaona en la plaza de el Toreo.
1920 Cogida y muerte de Gallito. Joselito o la vida de un matador. La vida de Joselito y su muerte. La muerte de Joselito.
1949 Fiestas de primavera. Se ve a Cantinflas toreando un novillo.
1953 La vida del toro de lidia en la dehesa. La corrida de toros. Muerte en los cuernos. Manolete. Joselillo. Armillita. Carlos Arruza. Chucho Solórzano. Lorenzo Garza. Silverio Pérez. Antonio Velásquez. Rafael Rodríguez. Luis Procuna. Rejoneadores. Corridas bufas.
(Duración de aproximada e diez minutos rodados en versión española e inglesa).
1964 El Cordobés.

Con la llegada a la televisión se fue desarrollando una excelente técnica para registrar la fiesta taurina.



Nacimiento del cine dramático taurino



Es sorprendente que haya sido en los países en donde la fiesta de toros no se practica o está prohibida, en las que el cine se asomó con mayor interés al espectáculo. En los Estados Unidos se crea la primera película sobre el tema en 1915 Carmen sobre la obra de Próspero Merimée, dirigida por Cecil B. de Mille. Ese mismo año Charplin hace una parodia de este film. Con el cine taurino los toreros profesionales son llamados, primero a doblar a los actores, y más tarde, como veremos, para ser protagonistas de los propios films.

1910 La lucha por la divisa. Española. Director José María Codina. Duración 700mts.
1911 Carolino toreador. Francesa. Director Jean Durant. Primer film cómico taurino.
1914. Les fiances de Seville. Francesa. Drama alrededor de un torero celoso, quien arremete a su contrincante, un pintor francés, y lo hiere. Después el torero decide, avergonzado, dejarse coger por un toro. Director: Louis Feuillade, quien crearía las películas de Fantomas y Vampiros.
1914 Romanzo di un torero. Italiana. Producida en Roma.
1915 Carmen. * Norteamericana. Dirigida por Cecil B. de Mille. El papel de Escamillo lo interpreta Pedro de Córdoba y de Carmen la cantante de ópera Geraldine Farrar. * Norteamericana. Película cómica de Charles Chaplin. John Rand hace de Escamillo.
1918. Santa. Mexicana. Tiene valor documental, ya que se incluyen escenas con valor documental sobre toros en México.
1927  Nota de Films (noviembre) el público había dejado de acudir a los toros a favor del cine:

          “Las corridas de toros, por las que México siente tan tumultuoso entusiasmo
           como el mismo pueblo español, no son una excepción. La gran mayoría 
          del público amigo de divertirse prefiere llorar con Lillian Gish en cualquier 
          salón de cine que ver a Chicuelo o al Chato Valencia ejecutar un vistazo 
          lance de capas.”

Pero ni el cine ni los toros van a desaparecer, por lo que estamos  viendo. Altas y bajas, crisis y auges hacen subir o bajar los niveles de asistencia a las plazas o los salones cinematográficos. Pero ambos espectáculos perviven y, sin embargo, no se entienden muy bien que no se haya producido ese cine taurino que parecía natural en México.



Filmografía



Para conseguir el panorama general de la presencia del toro de lidia y del toreo en el cine mexicano, se acude aquí a una relación de films que, en ocasiones, no son totalmente taurinos, pero en los que la imagen de la fiesta brava se advierte de alguna forma.

Santa. *Versión muda 11 de julio de 1918. Basada en la novela de Federico Gamboa. Uno de los personajes es el Jarameño, torero que tiene amores con Santa, esto permite al director ofrecernos un documental vivo y veraz sobra la corrida de los toros, y rituales. Vemos al torero (Ricardo Beltri) salir de su casa para ir a partir plaza, vestido de torero. Sube a un coche tirado por caballos a los que fustiga un cochero vestido con levita, pantalones blancos y chistera. Alrededor del coche hay personas vestidas con sombreros cordobeses y el público que se aglomera en la calle. Se ve a la cuadrilla en el momento de pisar la arena y luego instantes de la lidia. * Versión sonora 1931 segunda versión y primera sonara. * 1968 versión de Emilio Muriel.

La puñalada. (Película de la que se sabe muy poco). Aparecía el matador Antonio fuentes y la protagonista era Raquel Ruanota. Historia que tal parece se desarrollaba en el campo. No se conocen los nombres del director y el fotógrafo, pero tenía siete partes.

El último día de un torero. 1915. muestra en esencial lo ocurrido el 12 de abril, cuando el matador de toros  Rodolfo Gaona, mata al último toro de su vida profesional y también aparecen secuencias de su vida privada y recuerdas de corridas de su trayectoria.


1916 Sangre y arena. España.
1919 Los arlequines de seda y oro. España.
1920 Sol y sombra. Francesa.
1922 Sangre y arena. Norteamérica.
1925 Oro, sangre y sol. México.
1941 Seda, sangre y sol. México.

Xavier Villaurrutia. Revista Así. Número 77. 2 de mayo de 1942.  Fragmento de la crónica:

El film que ahora comentamos está dirigido al gran público que gusta de la fiesta taurina, a la masa anónima pero infinitamente apasionada y entusiasta por la fiesta solar. Este sector del público, es, obviamente, numerosísimo. Y acudirá a saciar su curiosidad con la misma pasión, con la misma mansedumbre que mueve, indistintamente, los resortes que lo conducen hebdomadariamente a las plazas de toros. A este respecto, el fiel “Seda, sangre y sol”, tiene el atractivo de contar en su reparto con una gran figura del toreo mexicano. Me refiero a José Ortiz, torero exquisito si lo hay, y los hay… y es este modesto y finísimo torero un aficionado a la actuación cinematográfica, sería injusto llamarle un profesional de ella. Ahora representa un doble papel de torero auténtico y de actor que cumple, con moderación, su misión de actor. Otra figura, ésta sí de actor profesional, aparece en el film taurino y sentimental que es “Seda, sangre y sol”.

1941 Ni sangre ni arena. México.
1945 Sol y sombra. México.
1949 Sol y toros. Portugal.
1953 Fuego en la sangre. España.
1953 Sangre y luces. Francia- España.
1958 Sangre torera. Portugal.
1959 El traje de oro. España.
1960 Seda y oro. España.
1962 Sangre en la arena. España.
1924 El Relicario. España. Miguel Contreras Torres.
1927 El tren fantasma. Centro Cultural Cinematográfico de Orizaba. Veracruz. El argumento se conserva en el Archivo Nacional de la Nación.
1931 Soñadores de la Gloria. México. Director. Miguel Contreras Torres, participaban personajes del ambiente taurino.
1931. La fiesta. Sergei Mihailovich, ruso, da su visón de la fiesta de los toros a través del cine.
1933 El tigre de Yautepec. José Ortiz con este film se convierte en estrella de cine. El tigre, es un bandolero que muere fusilado.
1935 Los desheredados. Director. Guilelrmo Barqueriz.
1935 Más allá de la muerte. En la plaza de el Toreo se rodó esté film. Los toreros fueron: Juan Estrada y Fermín Rivera. Director. Ramón Peón.
1936 Ora Ponciano. Ponciano fue una gloria nacional y un sorprendente torero con bigote, pintoresco, popular, representado por Jesús Solórzano.
Cielito lindo
El calvario de una esposa
Novillero
Un domingo en la tarde
Juan sin miedo Jorge negrete y Juan Silveti.
Mujeres y toros o Mujeres y toreros
1939 Tiempo al sol
1942 Soy puro mexicano Pepe Ortiz
Estravaganza toreara historia documental del cine taurino de Juan José Segura.
Maravillas del toreo. Pepe Ortiz. Director Rafael J. Sevilla.

1943 Palillo vargas Heredía.
Mi reino por un torero. Los enemigos de la fiesta fueron a lo largo de la historia de México muchos y en ocasiones muy fuertes, hasta el punto de que los toros estuvieron prohibidos en el País. Uno de los furiosos perseguidores de toreros, aparece aquí en esta película, oponiéndose a que su hija se case con un matador. Carlos Arruza, tenía que  ocultar, por lo tanto, frente al padre de la novia cual era su verdadero oficio. Arruza es descubierto y consigue triunfar en los toros y los amores. Carlos Arruza era un hombre agradable, simpática presencia física que le cine recogía muy bien. Al estrenarse esta película, arruza triunfa de forma clamorosa con el toro Escribano (1944). En ese mismo año se presenta en España triunfando. Sonora Films. Director. Fernando A. Rivero, A. Víctor Mora.

1944 El niño de las monjas
La hora de la verdad
Toros amor y gloria
1945 La luna enamorada (Pasión gitana).Joaquín Rdz Cagancho.
1948 El precio de la gloria
Jalisco canta en Sevilla
1949 Sangre torera
Una dama torera (Un corazón en el ruedo).
1951 Una gringuita en México.
The brave bull (Los toros bravos) Miroslava
Tercio de quites enfrentamiento entre un español y un mexicano
Las locuras de Tin Tan
1952 Me traes de un ala
1953 Camelia
Penita pena
El pequeño proscrito
1955 Torero
Las zapatillas verdes
Camino de Guanajuato
El gato sin botas Tin tan Tancredo
1956 La vuelta al mundo en ochenta días
Tú y las nubes
Los amantes
1958 La estrella vacía
Los clarines del miedo
1959 El toro negro
Los ambiciosos Luis Buñuel.
1960 Juana Gallo. María Félix.
Viva Jalisco que es mi tierra Manuel Capetillo
Con quien andan nuestros locos. Manuel el loco Valdez
¿Dónde estás corazón? Lola Beltrán
1963 Torero por un día. Piporro
1966 Operación 67. Capetillo
Me quiero casar. Angélica María
1968 Un toro me llama. Emilio Fernández
1972 El caballo torero. Capulina
Arruza
1974 Yo y mi mariachi. Cornelio Reyna
1977 Divinas Palabras. Director. Juan Ibáñez



El público taurino en el cine


Cada espectáculo tiene su propio público que ha conformado su carácter multitudinario a través del tiempo, de las tradiciones y de un acomodamiento a la escenografía.

Hay ciertos públicos que van cambiando de comportamiento colectivo de acuerdo con identificaciones externas o con modas. Así, el público de los partidos de futbol crea ahora su propio espectáculo levantándose rítmicamente y formando olas humanas. Otros públicos, como el de la lucha libre, fingen que aceptan la mentira y se excitan tanto a sí mismos como a los luchadores. Un público, sin embargo, parece tener un comportamiento distinto en el que el individuo aún se expresa por su cuenta en muchas ocasiones y se distingue de todos los demás por sus gritos, gestos, denuestos.

El público de toros, es escaso, el más individualizado y exigente, el más anárquico y excéntrico. Se discute en las gradas con desconocidos, se gesticula ante quien opina igual, se arman estupendas broncas entre aficionados que han visto diferente el arte de poner un par de banderillas.

El público tiene una participación no colectiva, sino individualista y sólo se convierte en una masa furiosa cuando la bronca justifica esta especie de solidaridad ante un solo enemigo odiado: el torero. Al que, sin embargo, se le puede aprobar, aplaudir, sacar en hombros minutos después. El buen aficionado a los toros goza con el escándalo y también con esos tensos momentos de silencio que se producen antes una faena dramática.
La propia plaza, redonda, permite un intercambio de opiniones expresadas a gritos y todos ven a todos y critican o ensalzan a los demás.

Este público taurino no es el suave y apacible público del cine que llega solamente a ciertos extremos cuando el film se corta o cuando aplaude al final de una cierta proyección.

El sol permite que todos se observen: la oscuridad diluye la personalidad de los espectadores y los hace fantasmas embrujados por la pantalla.

Trasladar, por todo esto, una faena taurina desde la plaza redonda a las sala oscura es un gran riesgo. El aficionado a los toros tuvo que sufrir un lento aprendizaje para ver la corrida por televisión y los camarógrafos que saben bien la importancia del comportamiento colectivo acuden a mostrar las gradas constantemente.

Esta forma de enseñar al público televisivo como se comporta el otro público, el de la plaza, es un intento técnico para que los que estén ante la faena. En ningún otro espectáculo deportivo televisivo se muestra de forma tan continuada a los espectadores y se le da tanta importancia a sus gestos y aplausos.

Contemplar en una habitación familiar como los televidentes gozan con la retrasmisión de una corrida de toros, es ver un espectáculo antes el espectáculo.

En las salas de cine las discusiones familiares quedan proscritas y sólo el cuchicheo es permitido. Esto significa que la faena pierde uno de sus más viejos y sin iguales elementos: el público que actúa.

Los toros en el cine son de alguna forma un espectáculo incompleto, mientras que en la televisión tienen aun un cierto sentido y ofrece un placer sustituto del que se goza en la plaza.

Por todo esto, acaso los buenos aficionados a los toros son muy malos espectadores del arte taurino en cinematografía. No importa que el color haga más real la faena que en los días del film en blanco y negro, no es el color que hace más real la corrida, sino el público. Y su desaparición en el cine le quita a los toros un elemento esencial.

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