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Enloqueció a la multitud
by Redacción Escena Taurina - 0

La Fiesta Brava que es sol y sombra, de tardes de gloria y tardes caóticas, hoy vamos a referir una tarde de inmensa gloria, qué resultó histórica y  que en en este año, 2015, se cumplen 55 años de ésta memorable gesta taurina.

El domingo 30 de octubre de 1960, se efectuó una corrida de toros en homenaje y beneficio de Curro Ortega, se corrieron toros de la ganadería de Valparaíso, propiedad de don Valentín Rivero y fueron lidiados por los diestros Manolo Dos Santos, Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Carlos Arruza a caballo, Manuel Capetillo, Juan Silveti y Joselito Huerta. El escenario fue El Toreo, de cuatro caminos, México.

Compartimos con usted esta sabrosísima crónica que con desbordante entusiasmo nos relata Enrique Bohorquez, publicado el lunes 31 de octubre de 1960 por el diario Esto, (época que pertenecía a la cadena de impresos García Valceca).

Disfrute también de éstas dos fotografías mismas que la publicación acompañaban al escrito del relato debido a la lente mágica de Bartolomé Ornelas.  

Resumen de apéndices cortados en esa memorable fecha:

Dos Santos:, Leal y Olivar, los tres lucieron su arte.

Depurado Arruza y Capetillo cortaron orejas.

Silveti y Joselito Huerta orejas y rabo.



Fragmento de la crónica:



Ayer salimos locos de la plaza de Cuatro Caminos. Todos locos. Sí, la locura fue contagiosa y los veintiocho mil espectadores acabamos "majaretas". Hay quien decía que la plaza de Cuatro Caminos se había trasladado a Mixcoac, que es donde está la Castañeda. Porque en mucho tiempo no se habían oído tantos olés como cañonazos y tantas ovaciones y ese murmullo de multitud que parecía haber perdido el juicio. Ya se puede ufanar Currito Ortega de que la corrida a beneficio suyo ha sido la del siglo. ¡Memorable! Toros, si, toros, porque los de Valparaíso han salido superiores. Y toreros con tanta sapiencia, arte y casta, que ya no se puede pedir más. Muchas gentes quedarán roncas estos días por las exclamaciones elogiosas que lanzaban a los toreros, y otros tendrán que acudir a un psiquiatra para que les arregle los nervios. Y es que ayer salimos de la plaza como si tuviéramos el mal de San Vito, moviéndonos de un lado a otro como queriendo imitar los ,momentos más interesantes de cada torero; cuando aquel muletazo, o aquel pase, o cuando esperó así al toro y se lo pasó por la faja, como si se pasara a un corderito. Sí, sí, parecía aquello el inmenso patio de un manicomio. 

Y es que los toreros, cada quien en su estilo, habían dado de si todo lo que podían dar para llevar a los tendidos ese entusiasmo que desde el principio se registró durando hasta que terminó el festejo.
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