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Aficionado taurino
by Redacción Escena Taurina - 0




La fiesta es siempre un espectáculo y un espectáculo es inconcebible sin público. Pero en el mundo de los toros  hay un tipo peculiar de público, los “aficionados”. No todo el público taurino encajaría dentro de esta categoría. En realidad los aficionados son una minoría respecto al conjunto de asistentes a las corridas de toros.

Aficionado es aquel que no sólo se limita a vivir la Fiesta como espectador, sino que la vive día a día también fuera de la plaza. Va más allá que el forofo futbolístico que no deja de seguir el curso de las competiciones a través de los medios. El aficionado vive la Fiesta no sólo a través de los medios, sino de toda una serie de actividades culturales y recreativas que ésta genera. Asiste a tertulias, forma parte de peñas, es lector de revistas especializadas y de libros de tema taurino. Conoce algunos profesionales, gusta de asistir al campo a todas las faenas de preparación del toro, si le es posible. Es decir, está en contacto permanente con el desarrollo de la Fiesta.

Como en todo hay grados de afición. Esto de los toros tiene mucho de religión y los que han sido señalados con la gracia de la fe viven como verdaderos creyentes, eso sí, con mayor o menor grado de práctica.

En efecto ser o no ser aficionado es un problema de fe y no necesariamente siempre de conocimiento. Puede haber muy buenos aficionados que no sean entendidos, es más hay que desconfiar de los demasiados entendidos, de los que pontifican y parecen saberlo todo.

La característica esencial del buen aficionado es el respeto, que es una forma de amor, porque la fe valdría poco sin calidad. Probablemente  sea el respeto la característica esencial aficionado. Respeto por todo lo que le rodea a la Fiesta, por el animal, por las tradiciones, por las costumbres y sobre todo por los toreros. Y digo esto porque ha habido y hay muchos malos aficionados, es decir, falsos aficionados. Gentes que pasan por ser aficionados, que se las dan por ser entendidos, que incluso no lo son, pero que no respetan verdaderamente la Fiesta. La frontera entre el verdadero y el falso aficionado puede ser muy sutil. El buen aficionado, aficionado, es crítico, sufre con los males y las corruptelas que se dan en la fiesta. El falso aficionado, la más de las veces parece que sólo ve estos defectos y desviaciones.

Los toreros, que son verdaderamente los únicos entendidos reconocen y respetan al aficionado. Saben que los aficionados constituyen uno de los pilares de la Fiesta, aunque sólo sean una minoría del público taurino. Su respeto mutuo se manifiesta en múltiples formas de cortesía que toreros y aficionados se prodigan entre sí fuera de la plaza.

Pero aficionados también pueden ser los toreros. De hecho se supone que todos lo son, pero puede que un torero cuya categoría en la profesión nadie discute sea considerado entre sus compañeros un mal aficionado, mientras que otro, muy lejos de ser figura del toreo, sea valorado por todos como un gran aficionado. Se puede entender esto haciendo en este caso “aficionado” sinónimo de “teórico”. Así hay toreros como el hermano de Joselito, Fernando Gómez Ortega, de la familia de los Gallos, que no pasó de ser banderillero y se le reconoce en la historia del toreo como un gran aficionado o “teórico”.

Algunos, sobretodo en México, llaman “aficionado práctico” a lo que en España se ha llamado siempre “señorito torero”, es decir, aquellos aficionados que torean sin ser profesionales incluso alternando en algunos festivales con las figuras. El aficionado es, pues, un elemento esencial de la Fiesta. Actúa de levadura en la masa.es el mediador entre el artista y el público en general del que el aficionado toma parte.


Tomado de: 
Pizarroso Quintero Alejandro. La Liturgia Taurina. Espasa. Madrid. 2000.
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