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El arte de torear de Pepe-Hillo
by Redacción Escena Taurina - 0



Pepe-Hillo, Delgado Gálvez José nació en Sevilla el 14 de marzo de 1754 en una hacienda llamada villavila, en el distrito parroquial de Espartinas de Sanlúcar la Mayor, Sevilla.

Se dedico al oficio de zapatero, ocupación que pronto abandonó, por su asistencia al matadero, donde aprendió a andar entre las reses bravas hasta que con la protección y lección del célebre Costillares, se dedicó por completo al arte del toreo. 

Ingresó a la cuadrilla del referido Costillares que tanto le distinguió siempre. Tomó la alternativa en Málaga en 1774 de manos del maestro Juan Romero. Pepe-Hillo no tardó mucho sobresalir entre todos sus compañeros, ya que manejaba con mucha filigrana y autenticidad en el manejo del capote, muy pronto se ganó al público. 

Siempre trato de lucir su toreo e intentaba mostrar cuánto sabía, sin reparar en muchas ocasiones las consecuencias que ello le podía atraer, cuantas suertes hacían sus compañeros él intentaba llevar a cabo, si otro espada mataba recibiendo, él lo hacía aunque el toro no se prestará ello. Exaltado por su amor propio, se aventura  como nadie y por ese motivo fueron infinitas las cogidas que tuvo y más dos docenas de cornadas graves que sufrió hasta el día de su muerte trágica y penosa.

Su competencia con Pedro Romero le llevó a veces a donde no debería haber llegado nunca, por mucho que ésta fuese y eso lo pagó caro, como es lógico.

El público ayer, como el de hoy, alentaba su bravura, pero ello le llevó a cometer muchos errores y a salir perdiendo con Pedro Romero, lo mismo que algunas veces no intentaba llevar a cabo alguna suerte por temor a no hacerlo bien.

En 1800 antes de su trágica muerte dictó y publicó con su nombre un libro titulado La tauromaquia o Arte de Torear, el mejor y más extenso de los hasta entonces publicados que causó gran revuelo, ningún torero de ninguna época ha tenido siquiera en estos días, como éste torero tuvo en su tiempo tanta aceptación, tanta popularidad, tanto prestigio, entre todas las clases sociales, su gracia personal, su gusto en el vestir, su excelente modo de comportarse con los demás, sus bromas y chistes con la gente encopetada, su inmensa generosidad con las más necesitados, su esplendidez con los compañeros, hicieron que fuese querido por todos.





Fue cogido y muerto por el toro “Barbudo”, de la ganadería castellana de Peñaranda de Bracamonte, propiedad de don José  Rodríguez en la Plaza de Toros de Madrid, de la Puerta de Alcalá,  el 11 de mayo de 1801 a la hora de matar. 

La crónica de aquel fatídico día: "El toro le empuntó por el cañón izquierdo de su calzón y, volteándole contra sus lomos, le derribó de espaldas en el suelo. Cargó de nuevo contra el torero inerme, le ensartó el cuerno izquierdo por la boca del estómago y, le campaneó por un largo espacio de tiempo". 

Murió instantes después en la enfermería de la plaza a los 47 años de edad. Otros cronistas refieren que también recibió una cornada en el pecho mortal de necesidad.

Sus restos reposan en el atrio de de la Iglesia de San Ginés, en la calle de Arenal, Madrid.
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