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El túnel del miedo (cuento)
by Redacción Escena Taurina - 0






La Monumental plaza de las Ventas está llena a rebosar. Día grande, máxima expectación. Miradas desafiantes en el patio de cuadrillas. Revuelo de aficionados, mientras, continúa el trasiego de fotógrafos y periodistas buscando a los maestros. Sin embargo, qué inmensa soledad en este rincón oscuro y apartado del patio de cuadrillas. Miro a mi alrededor sin saber lo que busco. Observo a mis compañeros de cartel. Su angustia rasgada se delata en esos rostros aparentemente tranquilos. Sus vidas y la mía unidas por una misma afición. Sus miedos y los míos encadenados por una misma pasión.

Se abre el portón de cuadrillas anunciando el comienzo del festejo. Los tres toreros salimos al ruedo cubiertos por un halo de esperanza e ilusión que nos envuelve cada tarde en seda y oro. Atronadora ovación. Con paso firme, lento, parsimonioso cruzamos el albero. Saludo a la presidencia.

Me coloco en el burladero que está justo enfrente de la puerta de toriles. Es difícil ignorar lo que hay que ver, por eso, clavo mis ojos en ella. Por ahí, por ese túnel oscuro va a aparecer el toro que porta la llave de mis triunfos o fracasos.

Un último suspiro mientras suena clarines y timbales. Su  sonido retumba en mis oídos. Parece detenerse este momento, quizás no se detiene, pero los segundos que restan para ver a mi oponente  se convierten en interminables .Clavo la mirada en aquel túnel del miedo, en aquella puerta de los sustos por donde saldrá el toro, ese animal que ya trae mi destino escrito en sus pitones.

Solo, en mis adentros, me escucho decir que quiero ser figura del toreo. Por eso el latido de mi corazón se acelera. Miro al cielo y le grito en silencio convencido que oye mis peticiones. Montones de sensaciones se agolpan en mi cuerpo. Creo no ser capaz de salir al ruedo. El sonido del miedo clavado en mi corazón, pero aquí estoy, cara a cara con él, sin recelo.

Podría esquivar esta responsabilidad pero no debo. Podría ahorrarme mis miedos pero no quiero. Podría vivir sin ti torito fiero pero no puedo. Sueño,  antes de verte,  que eres un toro bello, noble y repetidor. Imagino, antes de tenerte, que tus embestidas humilladas y entregadas me ayudarán a crear la faena perfecta. Así, entre el arte y el deseo voy sintiéndote cerca, cada vez más cerca.

Cierro un instante mis ojos y escucho el cerrojazo que anuncia por fin tu salida. Se abre la temida puerta y el oscuro túnel se llena de luz. Eres impresionante, tu presentación es encomiable. Armonía en tus hechuras y en tus pitones. Colorado, ojo de perdiz, serio, muy serio pero tremendamente bello.

La brisa ligera de la tarde acaricia mi rostro cuando te muestras ante mí. Es como un soplo de vida que me libera de todos esos miedos, dudas  e incertidumbres. No puedo menos que admirarte. Te acercas al burladero donde me encuentro. Me miras desafiante, altivo, con esos ojos expresivos que taladran mi alma. Te miro, te admiro, estoy sin palabras.

Mi vida depende de ti, tu vida depende de mí. Tan sólo veinte minutos nos separan de la vida o la muerte, de la gloria o el fracaso. Maravilloso arte éste, de destinos cruzados en un ruedo bajo la atenta mirada de miles de corazones.


María José Borrega Fresneda
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