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Sueños de torero. Cuento taurino
by Redacción Escena Taurina - 0



Son las cinco y media de un viernes caluroso de finales de mayo en el que vamos a asistir al nacimiento de un nuevo matador de toros. Los rayos de sol atraviesan de forma casi insolente los grandes ventanales   del hotel. Ni una ráfaga de aire se atreve a mover las ramas de los árboles que parecen descasar  a lo largo de la avenida. El bullicio de las gentes se empieza a notar camino del Coso de los  Mártires en la bella ciudad de Cáceres. No es para menos.  Daniel Sánchez “El Tabernero” se va a doctorar en tauromaquia esta tarde ante cientos de paisanos que han llegado desde su Alcántara natal para apoyarlo.
El joven Daniel tiene tan sólo 18 años pero su rostro aniñado parece empeñado en mostrar menos edad de la que realmente tiene. Sus enormes ojos negros delatan responsabilidad, seguridad, confianza en sí mismo, quizá una pizca de nerviosismo ante la tarde más importante de su vida. Su mozo de estoque lo ayuda a vestirse con cierta parsimonia, sin prisas, como queriendo detener el momento, ese momento que siempre habían soñado ambos desde el inicio de su carrera.
Apenas hablan. El señor Pepe se limita a ayudarlo en el ritual que supone vestirse de torero. Daniel observa con respeto su capilla en la que tiene a todos los santos de su devoción. Como una película cientos de imágenes se empiezan a amontonar en el recuerdo del novillero.
30 de mayo de 1993 en la ciudad de Cáceres. Luis Francisco Esplá, Víctor Méndez y el Soro son recibidos con una clamorosa ovación. La plaza llena hasta la bandera espera con expectación el comienzo del espectáculo en el que los tres toreros banderilleros se van a enfrentar a una esperada corrida de don Victorino Martín. En una barrera del tendido 5 un precioso niño de tez morena observa alucinado el transcurso del festejo. Aquel sábado del cielo encapotado nació un nuevo sentimiento en aquel pequeño. La belleza del espectáculo plasmada  en aquel ruedo impoluto sobrecogió  de tal manera al pequeño que desde ese instante soñó en convertirse en matador de toros.  El veneno del toreo había causado efecto en él.
23 de enero de 1997. En su 12 cumpleaños el chaval pidió a sus padres como regalo de cumpleaños torear una becerra .Ellos, amigos íntimos de un famoso ganadero de la zona, cumplieron el sueño de su hijo dejándole torear por primera vez en su vida. El pequeño Daniel pasó más tiempo en el suelo que toreando, cada vez que citaba a la brava erala era para recibir un pitonazo y mandarlo a la otra punta de la plaza de tientas. Él niño, lejos de amedrentarse continuó con la faena demostrando a todos los presente que era dueño de un valor extremo, cualidad prioritaria para ser figura del toreo. Familiares y amigos aplaudieron con entusiasmo y fervor lodo lo realizado por el valiente chaval.
14 de febrero de 1999. Daniel acompañado por sus padres y unos amigos asistió por primera vez a la finca “Monteviejo” propiedad del prestigioso ganadero don Victorino Martín. Allí, rodeado de importantes matadores de toros demostró sus grandes condiciones para el toreo. El joven se encontró con una brava saltilla que le puso las cosas difíciles, sin embargo, superó con creces la prueba quedando una grata impresión entre las gentes del toro.
Acaban de llamar a la puerta. Por un momento los bellos recuerdos que embargan la mente de Daniel desaparecen de forma casi instantánea. Juan, el mozo de espadas abre la puerta y se encuentra a los padres del novillero que quieren saludar y desear mucha suerte a su hijo antes de ir hacia la plaza. El padre, un hombre robusto de aspecto serio y mirada penetrante, abraza con fuerza al chico como queriéndole transmitir toda su energía, le habla, le da consejos, le anima. La madre, en cambio no dice palabra, un largo silencio y un beso en la mejilla de su hijo son suficientes que el chaval entienda la situación de nerviosismo, de miedo e incertidumbre que está viviendo su madre.
Tras la despedida Daniel y Juan vuelven a quedar en la soledad del hotel, sólo acompañados por un silencio estremecedor que no parece querer dejar de acompañarles. Mientras el mozo de estoques coloca el añadido al joven novillero, éste se vuelve a quedar ensimismado mirando su capilla. Vuelven los recuerdos.
15 de abril de 2000. Con tan solo 15 años y una expectación inusitada debutó sin picadores en su pueblo, Alcántara. Aficionados de pueblos cercanos llenaron las calles de la localidad desde primeras horas de la mañana. Al finalizar el festejo fue sacado a hombros por varios de sus amigos que vivieron con entusiasmo el inicio de su carrera profesional.
7 de junio de 2001. Daniel debutó como novillero con picadores en Plasencia. Tarde de calor bochornoso como correspondía a esas alturas de la primavera extremeña. El joven demostró a la afición placentina sus cualidades, basadas todas ellas en el valor y el temple. Fue un día inolvidable e importantísimo para el recién debutado novillero que salió a hombros tras cortar cuatro orejas.
Una sonrisa dibujada en el rostro del torero delata bonitos recuerdos, esos recuerdos que siempre acompañan la vida de un torero. El mozo de  espadas lo mira orgulloso mientras el muchacho besa con devoción algunas imágenes religiosas. Ya son las seis de la tarde. Llega el momento de partir hacia la plaza de toros. En el hall del hotel algunos aficionados le desean suerte en su tarde más importante.
En las proximidades de la plaza se respira un ambiente de fiesta, de expectación máxima ante el nacimiento de un nuevo matador de toros.
Se abre el portón de cuadrillas. Una estruendosa ovación irrumpe en el coso en el preciso instante en el que el reloj de la plaza marca las seis y media de la tarde. Daniel “El Tabernero” acompañado por sus compañeros de cartel atraviesa el ruedo al son del pasodoble “España cañí”.
La suerte está echada. La mirada del joven novillero se dirige no sin cierta añoranza a la barrera del tendido cinco donde 10 años antes había nacido, viendo una corrida de toros, ese sentimiento tan fuerte  que lo estaba a punto de convertir en matador de toros. Se encuentra con la mirada segura del padre y la mirada preocupada de la madre.
Cuando sale el toro de la alternativa, un precioso animal de pelo cárdeno y mirada desafiante, un pequeño de unos 10 años acompañado por sus padres observa con ojos de sorpresa el bello y cautivador espectáculo del toreo.
¡Quizá esta bella tarde de primavera no sólo esté naciendo un torero!

María José Borrega Fresneda

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