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Crónica segunda novillada de la México
by Redacción Escena Taurina - 0

Tarde gris de los más arropados

Si bien, a los incipientes novilleros no se les debe juzgar con una lupa para matadores de toros, vale decir que habrá que hacer un exhaustivo análisis del sistema taurino nacional, en su objetivo de generar toreros, pues la fórmula en algo no está dando los resultados esperados.

Y para muestra, el balance de ayer en la segunda novillada de la Temporada 2015 en la Plaza México: sólo  una salida al tercio, 2 avisos y algunas leves palmas entre el debutante y dos novilleros conocidos en el Coso de Insurgentes.

Quedó claro que los astados de Jorge María, criados por Miguel Alemán y el empresario Rafael Herrerías, estuvieron bien presentados, con sobrados kilos para una novillada, pero que plantearon muchos problemas y peligro a los diestros. Les exigieron sus diplomas y títulos "académicos" al ya no tan incipiente Orlando Mirafuentes, al debutante Manuel Gutierrez, y al mejor librado Ángel Espinoza "Platerito", quien logró ayer la única ovación en el tercio.

Lo que más llama la atención, considerando el pobre resultado, es el factor común de los tres actuantes: o han pertenecido a reconocidas Escuelas Taurinas, tanto de México como de España, o han participado y sobresalido en importantes seriales novilleriles, de aquí y de allá, o incluso han actuado en plazas de primera y segunda categoría españolas, sudamericanas y mexicanas, incluyendo Las Ventas, de Madrid, por ejemplo.

Pese a ser de los aspirantes más y mejor arropados de la actual generación novilleril mexicana, el resultado, insisto, ha sido muy pobre, considerando que la México es, o debería ser, la más importante del país y el pasaporte para enfilarte a la anhelada alternativa.

El capitalino Mirafuentes, con 24 años de edad y casi 6 de novillero, y con casi 50 novilladas toreadas, algunas en plazas de primera categoría en México y 3 en el Coso de Insurgentes, tuvo una tarde intrascendente.

Se topó con un abreplaza peligroso y corto, para escuchar algunos pitos.

En su segundo, se contagió de la sosería del que fue cuarto turno, para meterse al callejón en silencio.

Era su segunda tarde para "Platerito". Su quehacer en su peligroso primer enemigo fue meritorio. Lo salvaron algunos naturales desmayados y sus buenas intenciones de agradar, y cuando la mayoría ya alistaba sus pañuelos para pedir una oreja, el zacatecano se lío a pinchar. El exalumno de la Escuela Marcial Lalanda, de Madrid, agradeció las palmas desde el tercio.

Con el quinto despertó a los aproximadamente 3 mil espectadores, cuando le robó muletazos a su enemigo con mucho valor y aguerrida entrega. Pero, nuevamente, lo logrado lo empañó con tres pinchazos, hasta escuchar un aviso.

Al hidrocálido Gutiérrez, que se presentaba en el escenario capitalino, con un año de aprendizaje en la Escuela Taurina de Aguascalientes, 3 en la escuela de "El Juli" y un debut sin picadores en Las Ventas, lo ahogó la exigencia de la cada vez mas caprichosa afición capitalina, su inexplicable novatez y la falta de "esquina" desde el callejón.

Sobretodo con el único que se dejó meter mano, el sexto, al que hasta la mitad de faena había aprovechado a cabalidad y con el que empezaba a encender los ánimos. Sin embargo, no supo qué hacer con el triunfo y mejor optó por navegar sin rumbo, desperdiciando las cualidades del cierraplaza.

Si tiró a matar sin muleta y sufrió una fuerte maroma. Pinchó en varias ocasiones y tuvo que tragarse el reproche del público que aplaudió los restos del de Jorge María.

Tanto "Platerito" como Gutiérrez se retaron en banderillas. Cada uno en sus segundos enemigos. Pero nada que haya quedado para el recuerdo.

El empresario Rafael Herrerías reconoció al final, en entrevista radiofónica, la falta de preparación de los novilleros, sin embargo, nunca reconoció que su novillada dejó mucho que desear y se dejó dar coba por un pequeño grupo de aficionados de Sol que, al término del festejo, lo adularon con una inmerecida ovación por el juego de sus ejemplares.

Con todo y pese a su trayectoria académica, a la Mexico, los novilleros no deberían llegar a ver si pueden, sino, porque pueden, deberían llegar.

Antonio Santos.

Foto: Ángel Bernal.

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