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Crónica quinta novillada de la México
by Redacción Escena Taurina - 0



Novillada refrescada por agua y viento


La quinta novillada de la temporada menor de la Plaza México no sólo ha sido refrescada por la lluvia y el viento capitalino, sino por la emotiva actuación del hidrocálido Nicolás Gutiérrez, quien se convirtió este domingo en el máximo triunfador del festejo y de la temporada 2015.

El novillero de Aguascalientes, de apenas 19 años, protagonizó lo más sobresaliente de la tarde, al cortar dos orejas. Una en cada uno de los astados de Marco Garfias que le correspondieron.

Y de no haber sido molestado e impedido por el aire en su primero, tal vez la cosecha hubiera sido mayor, pues desde con su primero, el corrido en tercer lugar, el debutante coleta mostró su calidad y decisión para buscar el triunfo. A pesar de los torbellinos que le estropearon su debut, logró cortar dos orejas y salir en hombros, superando a sus alternantes, el hidalguense Rodrigo Ochoa, quien logró una salida al tercio, y el capitalino Luis Miguel Cuellar, quien terminó con una cornada menos grave, en el muslo izquierdo.

Los astados del recién fallecido Marco Garfias resultaron disparejos en presencia y en juego, pero permitieron el lucimiento de los actuantes, por lo menos en uno de los dos que le correspondieron a cada uno. Sobresaliendo los corridos en tercero y quinto turno, que fueron honrados camino al destazadero.

El apoderado por el matador Luis Fernando Sánchez, de Aguascalientes, cayó de pie ante la afición capitalina en su presentación en el coso de Insurgentes.Desde con su primero, a partir de que tomó la pañosa, mostró sus ganas y mando al sobreponerse al viento que le flameaba el engaño.

Sin embargo, el delgado y joven novillero se plantó firme para aguantar las embestidas, pese a traer una muleta que flameaba como bandera.

Tantito le dejó el aire templar los muletazos, y Gutiérrez trazó derechazos largos y templados que pronto surgieron empatía con el cónclave.

El novillo fue bravo, pero más el de Aguascalientes. Sometiendo al de Garfias y enganchando la atención del público que se involucró en su faena de principio a fin.

Tanto, que a pesar de un pinchazo, le exigieron al juez la oreja, que fue concedida.

Con su segundo, el cierraplaza, Gutiérrez, ya sin tanto aire, confirmó sus buenas maneras y disposición, hasta cuajar tandas por ambos lados. Gustando a los presentes. Se ganó a ley la segunda oreja que el juez no dudó en concederla.

Abrió plaza el novillero de Apan, Hidalgo, Rodrigo Ochoa. De 24 años de edad. Muy puesto y resuelto con su enemigo, el menos presentado del encierro.

Ochoa le pudo pronto y le cuajó una faena consistente por ambos lados. Adornándose y presumiendo sitio ante el débil astado de apenas 375 kilos.

Se tiró a matar mal y perdió los trofeos, quedando su labor en salida al tercio muy aplaudida.

En su segundo, el apaneca tuvo que realizar su faena bajo una lluvia tupida que no apreciaron ni atendieron los casi 3 mil espectadores presentes. Silenció su labor la estocada.

El capitalino Luis Miguel Cuellar siempre estuvo a la altura del compromiso, serio y formal, pero pasado de kilos y corto de brazos para dibujar trazos en sus muletazos. Dos factores que le costaron una cornada que, de tener menos kilos en los muslos y más centímetros en sus brazos, se habría evitado fácilmente.

Y no es que tenga los brazos cortos, sino que nunca los alargó para proyectar los derechazos ante la exasperación del público que le pedía a gritos que alargara el trazo y corriera la mano.
Sin embargo, el torero local nunca lo hizo, y sufrió una cornada de dos trayectorias ante su primero, y desperdició a un quinto muy toreable, al que acabó aburriendo por dejarlo solo pasar y no torearlo. Escuchó silencio en sus dos ponencias y se retiró a la enfermería por su propio pie, luego de terminar cabalmente su compromiso.

Al final dieron la vuelta al ruedo el novillero triunfador y los herederos de don Marco Garfias.

Antonio Santos
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