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Sexta novillada de la México
by Redacción Escena Taurina - 0

El privilegio de la inocencia

Si alguien duda de los milagros que obran en los seres más inocentes, debió haber asistido a la este domingo a la Sexta Novillada de la Temporada Chica, en la Plaza México.

La prueba de ello recayó en la debutante Marlene Cabrera, quien de puro milagro y misericordia de una suerte de otra dimensión no terminó herida, como su alternante Héctor de Ávila, quien, en contraparte de la “mala fortuna” y los errores técnicos, sí sufrió una cornada grande en su también presentación en el gran Coso de Insurgentes.

Mientras que De Ávila pagó caro y con sangre su error, al iniciar su faena de muleta con el quinto de la tarde, Cabrera se salvó milagrosamente de resultar herida, pues su inexperiencia y verdor, combinados con lo peligroso del cierraplaza, hacían presagiar que terminaría en el hule.

Desde que el ejemplar de De Guadiana saltó a la arena sembró el terror entre los subalternos, quienes llenos de pánico provocaron un herradero digno de una pachanga de plaza de quinta.Nunca se hicieron del novillo, que si bien pegaba arreones, embestía en peligrosas oleadas y salía suelto, tampoco se comía a nadie.

Y así, sin haberlo sometido y lidiado adecuadamente, llegó al tercio de muleta el ejemplar de la ganadería zacatecana. La debutante capitalina, eso sí, muy firme y con más valor que muchos subalternos, se plantó a pegarle muletazos tal y como se lo habrán enseñado en el toreo de salón.

Muy quietecita, sin importar si el aire flameaba su muleta, si el novillo venía descompuesto y si bravuconeaba en lugar de embestir, la menudita torera aguantó firme y “corrió la mano”. Pero siempre sin mandar, sin someter, ni realizar un quehacer seguro. Dando la impresión de siempre estar a merced del novillo y más vulnerable que un recién nacido.

A cada arrancada del ejemplar era un ruego de que no terminara el trance en tragedia.

Su inocencia, y tal vez su inconciencia del riesgo que corría, le salvaron de terminar en la enfermería.

Al final, fue la mejor estoqueadora del festejo y despachó al complicado novillo de un estoconazo.

El público, más aliviado que conquistado, pidió la oreja que no se concedió.

La jovencita dio una vuelta al ruedo entre división de opiniones. Aunque los casi 4 mil espectadores salieron hablando de ella. Para bien o para mal.

También debutó el colombiano Juan Viriato, quien ante el segundo de la tarde, “Indomable”, dibujó unos buenos lances a la verónica y un quite por chicuelinas.

Con la muleta nunca le encontró la distancia al burel que tiraba un derrote seco al final de cada muletazo. Tampoco lo pudo templar.

Lo intentó por ambos lados, sin trascendencia. Mató de estoconazo entero sin efectos y un descabello.
Escuchó palmas.

Pérez de Pauloba no hizo nada con el capote ante un ejemplar soso. Sufrió muchos desarmes con la muleta. Sin formalidad ni preparación.

El novillo de De Guadiana fue complicado como sus hermanos, pero se topó con un novillero sin decisión ni garra de novillero. Desdeñoso y sin espíritu.

Le metió bien la mano en la estocada. Escuchó silencio.

Emiliano Villafuerte, se topó con otro novillo complicado, pero anduvo rapidillo, sin plan, intentando todo y sin lograr nada. Rescató un par de pases aislados.

Señaló varios pinchazos y se salvó de un aviso por cortesía del juez.
Escuchó pitos.

Actuó el rejoneador Sebastián Torre, con una buena cuadra de caballos, pero no supo aprovechar al mejor del encierro de De Guadiana.

Lo mejor de su participación fue la actuación de los forcados Hidalguenses, quienes comandados por Andrés del Villar, cuajaron una excelente pega al primer intento.

Fueron ovacionados fuerte al final.

Los de Armando Guadiana, con edad, kilos y disparejos en su juego, resultaron con mucha complicaciones para los inexpertos actuantes, salvo el primero que fue aplaudido en el arrastre.

Antonio Santos

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