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El toreo verdad
by Redacción Escena Taurina - 0


Es un hecho innegable que la verdad no existiría, si no existiera la mentira. En el toreo, una actividad manejada completamente por las emociones, y existiendo siempre el factor muerte presente, aunque usted no lo crea, puede estarse de verdad o de mentira.

Lamentablemente no todo el público conoce la historia del toreo, las suertes, la técnica y las muchas horas de entrenamiento que tiene en su haber un torero para poder salirle a un burel en la plaza, pero lo maravilloso del toreo es precisamente que al ser un arte, no se necesita ser un erudito en la materia para apreciarlo. El toreo se siente, se transmite y cuando es ejecutado con toda la verdad, te eriza hasta el más minúsculo vello del cuerpo.

Pero, ¿cual es ése toreo ejecutado con toda la verdad?

El que se ejecuta olvidándose de que el toro puede hacerte daño; el toreo de cercanías, de largueza, rematando los muletazos atrás de la cadera y sobretodo, de quietud de pies.

También es cierto que no todos los toros son para torearse así, no todos los toros tienen claridad en la embestida, recorrido, clase y bravura, pero ahí es donde debe entrar la inteligencia y experiencia del torero para enseñar de la mejor manera al morito, aprovechar al máximo las pocas o muchas cualidades del animal, sin dejar de ser fiel a sus ideales como torero. Y es que, es tan fácil perderse en el camino a la verdad y vanagloriarse con el aplauso de mentira, la palabra de aliento desmedida y la coba ponzoñosa.

Usted se preguntará, ¿por qué en una época de paz y armonía, escribo una columna, la ultima del año, con aparente amargura y mucha dureza? La navidad y el año nuevo, son épocas de reflexión también, de dar gracias por lo que tenemos y hemos conseguido, pero también de pensar en lo que nos falta hacer para lograr lo que queremos.

Hace poco, tuve la oportunidad de asistir a una novillada, y de ver con desilusión como el ambiente festivo de un público enervado por el alcohol, premiaba el toreo eléctrico, de lejanías entre novillo y novillero, ese toreo sin firmeza de pies, de valor aparente (por no decir de miedo incontrolado) con una oreja, mientras que el novillero estaba feliz , perdido en la mediocridad.

Muchas veces se cortan retazos de toro sin haber triunfado, y en contraparte, muchas otras veces se triunfa, sin haber cortado orejas.

En ésta época de reflexión, creo que hay que preguntarnos, ¿qué pasaría si nos empezáramos a acostumbrar a la idea de que todo lo que sucede tiene que ver con nosotros, y no con la buena o mala suerte, sino con nuestras creencias, nuestras actitudes y conductas frente a diversas situaciones, nuestra reacción frente a los problemas, el verdadero conocimiento de quienes realmente somos y lo que hacemos para lograr lo que queremos?

Hay que recordar, que Dios guía nuestros pasos, pero no mueve nuestros pies si nosotros no los movemos.

Feliz y mejor año 2016, y…
¡Que Dios reparta suerte!

twitter @Hilda_Tenorio 
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