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Cuando duele y hay que torear
by Redacción Escena Taurina - 0





No se puede controlar todo lo que pasa en nuestras vidas, ni con la de nuestras personas allegadas. Hay dolores que se tienen que experimentar, pero también es parte de la vida el saberlos superar.

Este viernes pasado, a los 86 años, dejó físicamente este mundo un buen amigo, un gran hombre y excepcional ganadero, Don José González Dorantes, propietario de las ganaderías “El Grullo” y “La Joya”.

Me llegó la noticia como balde de agua helada mientras estaba en Zinapécuaro observando el camión donde venían los toros que lidiaría en la tarde; en ese momento supe que el hombre grande, mi amigo viejo, sabio, con el que había hablado un día antes como cada semana lo hacia, ya no estaba más. Deambulé un rato por la plaza ya con algo de gente, pero cosa rara, el ruido paró en ese momento al menos para mi.

Dice la canción, y dice bien “algo se muere en el alma, cuando un amigo se va, y va dejando una huella, que no se puede borrar”. Don Pepe González, como cariñosamente lo conocíamos todos los taurinos, ha dejado una huella imborrable no sólo para los que lo conocimos, sino para toda la afición y en especial para la ganadería brava mexicana.

Como mencioné antes, además de tener la ganadería de “El Grullo”, en 1998 importó a México vacas de encaste Parladé de las ganaderías de Enrique Martín Arranz, José Miguel Arroyo, Luis Algarra, El Torreón y Salvador Domecq y fundó así “La Joya”, resultando toros que el propio Ganadero Don Pepe muchas veces describía como toros que tienen mucha cabeza (es decir, cornamenta muy desarrollada), mucho trapío, y una embestida muy clara y recta.

Con el paso del tiempo, varios ganaderos comenzaron a comprarle sementales al ver que sus toros funcionaban bastante bien y tenían la emotividad, bravura y clase que requiere un toro bravo para el desarrollo exitoso de una corrida.

Recuerdo en la temporada grande pasada de la Plaza México, se conjuntó un torero grande, con un toro imponente de “La Joya”, y creo que fue el suceso mas comentado de toda la temporada. La faena de Sebastian Castella a ese jabonero unificó criterios: ¡que maravilloso es el toreo!

Al día siguiente, hablaba con mi amigo por teléfono para darle la enhorabuena por su toro, y aunque estaba feliz el hombre por el triunfo obtenido, no se daba coba y resaltaba la labor del gran torero también.

Volviendo a Zinapécuaro, llegó la tarde, me cambié en una casa que amablemente me prestaron, y saliendo rumbo a la plaza me encontré una virgen de Guadalupe en los pasillos, dejé una veladora prendida al momento que pedía por el descanso eterno de mi amigo fallecido horas antes. Partí rumbo a la plaza sin saber que pondría en práctica el último consejo que me dio un día antes al saber que torearía: “Si te sale un toro muy malo, recuerda que a veces sólo no se puede, no le hagas a la valiente, hay mas toros, hay más plazas, y hay toros que sólo sirven para lidiarse y matarse”. Mi intención era dedicarle esa faena, así como le dediqué en mi última corrida, mi encerrona, un toro precisamente de “La Joya”, al que le corté las dos orejas. 

Este viernes en Zinapecuaro no se pudo, mi toro salió ciego de un ojo y muy malo, pero puse en práctica su consejo, y al no poderle brindar a mi amigo una buena faena, seguí su último consejo y hoy le puedo brindar esta columna; ya habrá más toros, más plazas, donde seguramente estará viéndome.

¡Descanse en paz Ganaderazo!

¡Que Dios reparta suerte!


Twitter @Hilda_Tenorio
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